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Publicado el 5 julio, 2026

Valeria Castro en Trui Teatre

Valeria Castro en Trui Teatre · Mallorca Music Magazine

Jueves 2 de julio en Trui Teatre (Palma)

Valeria Castro y su refugio de sanación

Patricia Gelabert
Xavier Vidal (ver galería)

Vestida en colores claros, sobre el escenario del Trui Teatre y acompañada por su banda con atuendos de la misma pureza cromática, Valeria Castro apareció como una figura de luz. Sin artificios, con una escenografía minimalista en la que predominaban las piezas blancas y una atmósfera íntima, la cantante canaria presentó en Mallorca un universo de vulnerabilidad y, a la vez, fuerza. Ese que habita en «El cuerpo después de todo», un disco que no solo interpreta, sino al que también da vida sobre el escenario.
La velada comenzó con la actuación de la artista emergente mallorquina Elvira Clark, acompañada por Tomeu Palou a la guitarra, abriendo una noche marcada por el talento local y la sensibilidad musical.

Sóc Valeria Castro i estic molt contenta de ser aquí amb vosaltres. Esper que disfruteu tant com nosaltres aquí dalt. Moltíssimes gràcies.

Desde los primeros acordes quedó claro que el concierto no sería únicamente una sucesión de canciones, sino un recorrido emocional. Temas como «La soledad» o «Tiene que ser más fácil» fueron construyendo un ambiente de acogimiento y lar que la propia Valeria rompió con una sonrisa sincera, saludando al público y atreviéndose a hacerlo en mallorquín.
A lo largo del concierto, la artista fue hilando las canciones con reflexiones que permitieron entender el momento vital desde el que nacen. Explicó que esta gira supone la despedida de una etapa, la de un disco que la ha “revuelto, envuelto” y que la ha llevado a enfrentarse al miedo, a la tristeza y a los duelos. Sin embargo, confesó que los escenarios consiguen transformar todo ese peso en un espacio donde “no pasa nada más que lo que vivimos aquí”.
Invitó al público a permitirse sentir. A dejar que cada emoción ocupara el lugar que necesitara. Porque, como explicó, este trabajo nace precisamente de la necesidad de dar espacio a sentimientos que muchas veces parecen prohibidos cuando desde fuera todo parece ir bien. Habló de pérdidas, de cómo el cuerpo permanece después del dolor y de ese aprendizaje que consiste en comprender que el tiempo no siempre cura, sino que enseña a convivir con las heridas.
Esa idea atravesó el concierto de principio a fin. Valeria Castro ha cambiado. «Guerrera», uno de sus primeros sencillos y probablemente la canción más reconocible de su repertorio, cobra ahora un significado distinto. La dulzura que siempre ha caracterizado su voz permanece, pero convive con una fuerza nueva. Hay más valentía, más verdad, más emociones a flor de piel. No necesita decir que está siendo duro pero está sanando; se sabe al escucharla cantar.
Uno de los instantes más especiales llegó con «Devota». “Justo hace tres años estaba aquí”, recordó emocionada. La canción, contaba, nació la noche anterior a actuar por primera vez en Mallorca y regresar ahora removía inevitablemente aquel recuerdo.
Fue entonces cuando compartió una de las confesiones más íntimas del concierto. Cuando empezó a pensar que su música podía llegar a la gente, nunca imaginó sentirse cómoda ocupando el protagonismo de un escenario. Por eso decidió que cada vez que subiera a cantar lo haría por dos mujeres: su madre y su abuela.

Valeria Castro en Trui Teatre · Mallorca Music Magazine

Cuando yo escribía esta canción en la habitación de mi casa, pensaba en mi madre y mi abuela, y pensaba que ya tenía suficiente. Pero de repente vi que esta canción podría estar acompañando a muchas mujeres. Y por eso, cuando subo al escenario para cantarla, lo hago pensando en todas las mujeres que están luchando una gran batalla. Para todas las que lo necesiten: «Guerrera»

La emoción alcanzó uno de sus puntos más altos cuando recordó que el 2 de julio, el mismo día del concierto en el Trui Teatre de Palma, era la patrona de su pueblo. Este año, sin embargo, la fecha tenía un significado diferente. Hace casi un año perdió a su abuela y confesó haberla tenido muy presente durante todo el día, recordando aquellas carreras de caballos que veían en el televisor de su casa. “He venido cantándole a ella”, explicó con la voz quebrada y tirando un beso al cielo. Interpretó «Hoxe, mañá e sempre» como una forma de honrarla, convencida de que si antes era su abuela quien le encendía una vela, ahora será ella quien la mantenga viva cada noche con esa canción.
La formación, dirigida musicalmente por Carles ‘Campi’ Campón —productor del álbum y responsable también de la guitarra, el bajo y las percusiones—, estuvo acompañada por Marc Piñol en la percusión, Paula Vegas a los teclados y sintetizadores, María de la Flor alternando guitarra, violín, charango y voces, y Joaquín Sánchez en los vientos, protagonistas también de algunos de los momentos más brillantes de la noche, como fue el interludio antes del bis.
El concierto continuó transitando entre la intensidad y la calma con «La corriente», «Abril y mayo» y una emocionante interpretación de «Sobra decirte», para la que descendió del escenario y cantó mientras bailaba entre el público, borrando cualquier distancia entre artista y espectadores.
Pero todo lo bueno acaba, y la despedida llegó con «Dentro», «La raíz» y «Sentimentalmente», cerrando una noche que fue una auténtica montaña rusa emocional: un viaje hacia el dolor y de regreso a la esperanza y la luz.
Valeria Castro no ofreció únicamente un concierto. Construyó un refugio. Un lugar donde el duelo, la nostalgia, la memoria y el amor encontraron espacio para convivir. Y, quizá sin decirlo de forma explícita, dejó claro que sanar no significa olvidar, sino aprender a cantar de otra forma. Ya no solo desde la raíz, sino también desde las cicatrices.

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Publicado por:

Escritora y soñadora a tiempo completo. Fiel al cuero y las tachuelas, a los labios rojos y a las primeras filas de los conciertos.

Con más pasiones que horas disponibles. Como músico frustrado, encontré un nuevo vínculo con la música en el mundo audiovisual. Más de vídeo que de foto, más de fosos que de público.

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